lunes, 12 de septiembre de 2011

Primer reconocimiento ....

Esta vez ayudados del elevador de Mané, que tanto echamos de menos el día que tuvimos que descargarla del camión, observamos las condiciones reales en que se encontraba la moto. Y digo "moto", por no llamarlo amasijo de hierro, lleno de oxido y soldaduras, con más de un agujero donde no debía estar. Todo ello disimulado con abundante pintura negra aplicada de manera poco ortodoxa y pintura gris que tapaba zonas que el ingeniero que diseño la máquina jamás las imagino de otra forma que no fueran pulidas o cromadas. Pero es que en Lituania, a falta de medios.... Imaginación y pintura. Sobre todo, mucha pintura!

El chasis y la bañera del side no presentaba mal aspecto (aparte de lo anteriormente comentado), ni golpes importantes, ni aparentes deformaciones. Las ruedas con algún radio roto y las cubiertas cristalizadas. Bastante masilla en las uniones, perdidas de aceite y tornillos forzados, en el bloque del precioso motor bóxer (que era lo que más nos preocupaba) no hacía pensar que en sus anteriores vidas, hubiera sido demasiado mimado por sus propietarios. Estábamos deseando escucharlo arrancado y comprobar su compresión, aunque su verdadero estado interno, al igual que el de la caja de cambios, no lo sabríamos hasta que lo abriésemos. Los escapes, con forma de trompeta, parecían mas bien un par de grandes flautas debido a la cantidad de agujeros que tenían. Y el sistema eléctrico parecía querer salir ardiendo en cualquier momento una vez puesto en funcionamiento.

Todo parecía presagiar que los trescientos kilos de hierro ruso que había comprado, iban a darnos mucho trabajo si queríamos hacerlo andar de nuevo con un mínimo de seguridad. No digo ya, pasar una revisión técnica por los Ingenieros de la ITV de cara a matricularla como histórica, lo cual aun hoy me parece casi un sueño. Y Kike se queja porque tiene gastados los neumáticos de su flamante Scrambler.

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